Dicen las malas lenguas, que los japoneses afincados en Barcelona van a comer al Machiroku y eso, para mi, quiere decir mucho. Este restaurante en más una taberna familiar que una barra de sushi de diseño. Ideal para cualquier propósito, el ambiente es familiar, nada ostentoso y muy agradable.

De todo lo que probamos me quedo con los Ebi Ten Maki (makis de tempura de langostinos), los maki de ventresca de atún y las Edame (judias verdes saladas). Todo delicioso, sabor casero y muy gustoso. De postres probé unas fantásticas trufas de sake. Ah! Y calidad precio perfecto, cenamos 2 personas por 37€.

Se puede reservar, eso si, no aceptan tarjeta de crédito.